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lunes, 17 de junio de 2013

De Como la Educacion Anulo mi Creatividad


 El Niño y la Flor

Una vez un niño fue a la escuela y era bien pequeño y la escuela era bien grande, pero cuando el niño vió que podía ir a su clase directamente desde la puerta de afuera, se sintió feliz y la escuela no le pareció tan grande.
Una mañana, cuando él hacía poco que estaba en la escuela, la maestra dijo:
—Hoy vamos a hacer un dibujo
—¡bien!— Pensó el niño y a él le gustaba dibujar y podía hacer todas las cosas: soles, leones, gatos, gallinas, vacas, trenes y barcos y tomó su caja de lápices de colores y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo:
—¡Esperen! No es hora de comenzar— y él esperó hasta que todos estuvieron listos.
—Ahora vamos a dibujar flores— dijo la maestra.
—Bueno— pensó el niño. A él le gustaba dibujar flores.
Y comenzó a hacer bonitas flores con lápiz rosa, naranja, azul. Pero la maestra dijo:
—Esperen, yo les mostraré como se hacen. ¡Así!— Y era una flor roja con tallo verde.
—Ahora sí— dijo la maestra —Ahora pueden comenzar.
El niño miró la flor de la maestra y luego la suya. Y a él le gustaba más su flor que la de la maestra. Y no reveló esto. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra, roja y con el tallo verde.
Otro día, cuando el niño abrió la puerta de afuera, la maestra dijo:
—Hoy vamos a trabajar con plastilina.
—¡Bien!— pensó él. Y podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: culebras, muñecos, elefantes, autos y camiones. Comenzó a apretar la bola de plastilina. Pero la maestra dijo:
—¡Esperen! No es hora de comenzar— Y él esperó hasta que todos estuvieron listos.
—Ahora— dijo la maestra —nosotros vamos a hacer una víbora.
—¡Bien!— pensó el niño. A él le gustaba hacer víboras y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo:
—¡Esperen! Yo les mostraré como hacer una víbora larga —Ahora pueden comenzar.
El niño miró la víbora larga de la maestra, entonces miró la suya y a él le gustaba más la suya que la de la maestra, pero no reveló esto. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola e hizo una gran víbora larga como la de la maestra.
Así luego el niño aprendió a esperar y a observar y a hacer las cosas como las de la maestra y luego el no hacía las cosas por si mismo. Sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa en otra ciudad y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esa escuela era mucho más grande que la primera, tenía rejas afuera y para llegar a su salón el niño tenía que subir escaleras y seguir por una corredor largo. Y justamente el primer día que él estaba allí, la maestra dijo:
—Hoy vamos a hacer un dibujo.
—Bien— pensó el niño y esperó que la maestra le dijera que hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el salón. Cuando se acercó al niño ella dijo:
—¿Tú no quieres dibujar?
—Sí —dijo el niño—, pero ¿qué vamos a hacer?
—Yo no sé hasta que tú lo hagas— dijo la maestra.
—¿Cómo lo haré?— preguntó él.
—¿Por qué— preguntó la maestra —de la manera que quieras.
—¿Y de cualquier color?— dijo él.
—De cualquier color— dijo la maestra —Si todos usasen los mismos colores e hiciesen el mismo dibujo ¿cómo se podría saber quién hizo qué y cuál sería de quién?  
Entonces el niño comenzó a hacer una flor roja con el tallo verde. 

Fuentes: Los Derechos del Niño (Libro de la ONU)

miércoles, 12 de junio de 2013

La Educación “humilde” o la Educación para la vida cotidiana

Este post lo lei en  El blog de Salvaroj  y me parecio muy acertado y univeral.  Les invito a reflexionar sobre lo que dice:

 
Más allá de los grandes objetivos de la educación (que, sin duda, son muy importantes), más allá de las metas educativas que ocupan la atención de los organismos internacionales (que, sin duda, cumplen un papel fundamental), más allá de aquellas funciones de la educación sobre las que se escriben ríos de tinta o montañas de megabytes (que, sin duda, son muy necesarios)... existen también los objetivos “humildes” de la educación, a los que casi nunca prestamos suficiente atención.
Cada vez que voy al teatro, al cine o a un concierto me doy cuenta de que algo estamos haciendo mal en la educación: ¿Os habéis fijado en los problemas que tienen muchas personas para encontrar el asiento que les corresponde? ¿Y las dificultades que tienen muchas personas para rellenar un impreso para hacerse socio del gimnasio del barrio? ¿O el problema que representa para mucha gente orientarse en una ciudad siguiendo un plano?
Localizar la fila y el número de la butaca que se tiene asignada (especialmente cuando las filas están separadas en pares e impares), rellenar unas casillas o encontrar una calle en un plano se convierten en tareas arduas y complejas por la incapacidad de trasladar a nuestro día a día aquello que aprendemos de manera teórica en las diferentes materias del currículo. No hay una transferencia eficaz del saber teórico al saber práctico.
En general todos, y yo el primero, tenemos una tendencia natural a tratar los temas de la educación con grandes objetivos, se nos llena la boca con palabras grandilocuentes: la educación es un arma de construcción masiva, es la solución a los grandes problemas del mundo.
Estos objetivos son muy loables, pero tan inabarcables que pueden dar lugar a frustración y tan sumamente difíciles de evaluar, de comprobar su logro, que pierden funcionalidad.
Es por ello que propongo que tengamos más presente la “educación humilde”, la de la vida cotidiana. La que permite a las personas desenvolverse en el día a día con solvencia. Para ello es imprescindible que mostremos a los alumnos la aplicación práctica de aquello que explicamos a nivel teórico en las diferentes asignaturas, aunque en realidad lo más conveniente sería dar un enfoque mucho más multidisciplinar al aprendizaje: trabajar por proyectos, por retos que necesiten de diferentes áreas de conocimiento.
Por ejemplo, para muchos estudiantes el aprendizaje de las matemáticas se convierte en un suplicio si no son capaces de percibir que tienen una aplicación directa en su vida cotidiana. En cambio, cuando son capaces de darse cuenta de la aplicación práctica de lo que se les está explicando, el aprendizaje es mucho más significativo y, por tanto, mucho más fácil.
Que la educación es una herramienta para hacer un mundo mejor, es indudable. Pero no olvidemos que también nos puede ayudar a vivir mejor, a movernos por la vida más fácilmente. 

 Para leer mas post de Salvaroj puedes entrar aqui.

miércoles, 8 de mayo de 2013

"Una Leccion Inolvidable"

Al ensenar debemos aportar a nuestr@s nin@s una experiencia que les pueda durar toda la vida, o sea, debemos despertar algo dentro de ellos que les permita desarrollar aprendizajes que serán tan significativos que nunca serán olvidados.  Se trata de crear lecciones inolvidables para ellos.  Que características debe tener una clase para convertirse en inolvidable:  Estas:

  • - Escoger un tema interesante: que parta de la realidad de los nin@s.
  • -Elaborar objetivos significativos, o sea,  que es importante que mis alumnos aprendan, que quieren aprender de este tema.
  • - Conectar el tema con los estudiantes: que saben , como se sienten con respecto al tema, que opiniones tienen sobre esto.
  • -Motivarlos para aprender activamente: involucrándolos en el proceso con actividades lúdicas y de exploración que les permitan desarrollar sus capacidades.
  • -Evaluar auténticamente, con ejercicios y actividades en las que los alumnos muestren de manera creativa lo que han aprendido sobre el tema, aportando sus propias conclusiones.
  • -Reflejando o reflexionando, pidales que expresen lo que mas les gusto de la lección, puede ser hablado, escrito o dibujado y porque esta parte les gusto tanto.

Aquí les dejo algunos  ejemplos de lecciones inolvidables.